Empezamos nuestro fin de semana en Oporto y Guimarães con el entusiasmo de explorar una ciudad llena de vida, historia, vistas increíbles y una gastronomía memorable. Cada instante nos acercó a la esencia única del norte de Portugal. En este relato te contamos, día a día, los lugares y emociones que convirtieron nuestra escapada en una experiencia inolvidable.
Viernes 7 de noviembre. Llegando a Oporto.
Salimos puntualmente de Madrid en vuelo directo a la ciudad de Porto (Oporto), Portugal, a las 10 a.m. Después de poco más de una hora, aterrizamos prácticamente a la misma hora de allá por la diferencia horaria entre ambos países.
Lo primero que hicimos al aterrizar fue buscar la oficina de turismo para comprar la tarjeta de transporte Andante Tour Card 3, válida por 72 horas y con un costo de 16,60 euros. Con esta tarjeta tuvimos acceso a los principales medios de transporte de la ciudad, incluyendo la salida y el retorno al aeropuerto.
Tomamos el bus 602 y, luego de casi una hora de recorrido, nos bajamos en Jardín de la Cordoaria, al lado de la Torre de los Clérigos, punto neurálgico del centro de Oporto.
Revisamos en el GPS por dónde nos tocaba caminar hasta el hotel y, por casualidad, pasamos por el Miradouro da Vitória, uno de los miradores más populares de la ciudad. Desde allí tuvimos una preciosa vista del río Duero y, del otro lado, la ciudad hermana de Vila Nova de Gaia.
Pronto comprobamos lo inclinada que es esta ciudad, descendiendo escaleras y empinadas calles. Pasamos por la plaza del Infante Henrique, el Palacio de la Bolsa y la Casa do Infante, y finalmente llegamos a nuestro hotel, The Editory House. Estábamos en el concurrido barrio de Ribeira.
Dejamos nuestras cosas y salimos a caminar por la Ribeira de Oporto, un agradable paseo a orillas del Duero, lleno de restaurantes, terrazas, músicos ambulantes y buen ambiente. Allí disfrutamos de la vista del magnífico puente Don Luis I, Patrimonio de la Humanidad.
Llegó la hora de comer y lo hicimos en la Taberna dos Fernandes, un curioso restaurante atendido por una familia, algo que vimos con frecuencia en este viaje. Al terminar, fuimos por un café a My Ribeira. Portugal puede presumir de saber servir buen café. Luego descansamos un rato en el hotel: nos esperaba un paseo después.
Free tour en Oporto.
A las 17:00 nos encontramos con la guía española en la Cámara Municipal de Oporto y frente al monumento al escritor Almeida Garrett. Estábamos en la Avenida de los Aliados, una de las más importantes de la ciudad.
De aquí, entre anécdotas, recomendaciones e historia, fuimos caminando y pasando por emblemáticos lugares de la ciudad, como la pintoresca estación de tren Oporto-São Bento; la calle de los Clérigos –coronada por la torre–; y la famosa Librería Lello, mal llamada la librería de Harry Potter.
Hacia el final del recorrido pasamos por la Iglesia del Carmen y su espectacular fachada lateral de azulejos, uno de los símbolos de riqueza de Oporto en su momento; y concluimos con la vista nocturna desde el miradouro da Vitória.
Cerramos el día con un cachorro (perro caliente). Pueden obviar tranquilamente este check, nada memorable.
Sábado 8 de noviembre.
Nos levantamos temprano y salimos a desayunar en una tradicional panadería portuguesa, Confeitaria São Domingos.
Paseando por Foz de Douro.
De aquí fuimos a tomar el autobús 500, que hace un simpático recorrido por la ribera del Duero, justo en paralelo a uno de los antiguos tranvías de la ciudad.
Nos bajamos en el Jardín del Paseo Alegre. Vimos la fortaleza de San Juan de la Hoz y nos acercamos lo que pudimos a los dos faros que allí se encuentran, estando cerrado el acceso a ambos. Sin embargo, pudimos tomar fotos de lejos y apreciar cómo rompían las olas.
Estábamos en la freguesia de Foz do Douro. Aprovechamos para caminar por una de sus calles más comerciales y disfrutar de las pintorescas vitrinas de las tiendas con productos locales, artesanías y moda. Incluso llegamos a comprar algo en una joyería. Buenos precios.
Volvimos a la orilla del mar para caminar por el paseo que separa a la ciudad de las playas. Llegamos hasta la Pérgola da Nevogilde, nos dimos la vuelta y regresamos por un café al At Street Coffee.
Viendo más de Oporto.
De aquí nos desplazamos hasta el parque de la Fundación de Serralves, un bonito lugar que alberga varios edificios, como el Museo de Arte Contemporáneo y otros. Fuimos con la idea de ver los jardines o los edificios desde fuera, pero no fue posible, al menos desde donde lo intentamos: está todo el perímetro vallado y el acceso es de pago.
Aprovechamos para comer por aquí y nos fuimos a ver la Casa da Música, una interesante sala de conciertos de atractivo exterior. Enfrente se encuentra el monumento a los Héroes de la Guerra Peninsular. Enorme en dimensiones, nos llamó la atención que tuviera maleza saliendo de su estructura.
De allí nos desplazamos hacia los jardines del Palacio de Cristal. Allí se encuentran la sala de eventos Super Bock Arena, la capilla de Carlos Alberto y el espectacular mirador da Ponte da Arrábida, en un bonito y relajante entorno natural.
Bajamos de los jardines y nos dirigimos hacia el Hotel Dom Henrique Downtown. Subimos al piso 17 y nos tomamos un café (no tan bueno) con una vista de Oporto que nos quitó el aliento. Observar el atardecer desde aquí debe ser un espectáculo.
Seguimos andando y pasamos por la animada rua (calle) de Santa Catarina; se notaba que era sábado por la alta concurrencia. Por allí cerca encontrarán la espléndida Capilla de las Almas con su decoración exterior de azulejos. Pueden entrar sin problema.
Animado sábado en la tarde en Oporto.
Luego entramos al Mercado do Bolhão. Vimos los puestos de venta de alimentos preparados y sin preparar —nos llamó la atención la alta calidad del bacalao salado a la venta—. También hay artesanías, bisutería y prendas de vestir de elaboración local.
Nos acercamos al McDonald’s Imperial, considerado uno de los más bonitos del mundo. Adorna la entrada una magnífica escultura de un águila, y la decoración interna del local respeta mucho al restaurante original. Llegamos también a ver, de lejos, un Burger King con este mismo estilo.
Volvimos a subir hasta llegar a la Iglesia de los Clérigos y entramos a verla. Estaban en plena misa, así que esperamos una de las pausas para volver a salir.
En nuestro camino al hotel pasamos por la bella rua das Flores. Está repleta de negocios locales, arte y restaurantes. Un músico callejero animaba el vino verde o de Oporto que se tomaban los comensales en las terrazas. Descansamos un rato y volvimos a salir. Fuimos a cenar a la rica pizzería Bella Mía!
Por unos instantes en Vila Nova de Gaia.
Para bajar la pizza tomamos la línea D del metro para pasar por el Puente Don Luis I. Al atravesarlo, nos bajamos en la primera parada: Jardim do Morro. Allí se encuentran el monasterio de la Sierra del Pilar y el jardín del Morro, un par de lugares desde los que se obtiene otra magnífica vista de Oporto, esta vez desde la otra orilla del Duero.
Estábamos en Vila Nova de Gaia. En esta zona se encuentran las principales bodegas de vino de Oporto de la zona. Se pueden ver desde el mirador, son llamativos sus avisos luminosos, en especial de noche.
Domingo 9 de noviembre. Oporto y Guimarães.
Nos levantamos temprano y, afortunadamente, encontramos relativamente cerca, en bus, una panadería abierta, Belami. Allí probamos la famosa bifana.
Hicimos el retorno andando para seguir conociendo más de la ciudad. Así fue como pasamos por la rua de Santa Catarina, una de las más comerciales. También vimos las iglesias de San Ildefonso, San Lorenzo y la de Nuestra Señora del Terço e Caridade, coronando con la Catedral de Oporto.
También tuvimos en el camino otro de los despampanantes miradores de la ciudad, el de la rua das Aldas.
Escapada a Guimarães.
Decidimos a última hora visitar la ciudad de Guimarães. Para ello nos acercamos a la estación de Campanhã en metro y luego tomamos un bus que, por 6 euros cada uno (y menos de una hora), nos llevó a nuestro destino de esa mañana.
La estación de bus está aproximadamente a un kilómetro del centro histórico de Guimarães, así que lo caminamos. Al llegar nos tomamos un café para reponer energías y seguimos.
Subimos hasta el Castillo de Guimarães. Pensamos que podríamos entrar gratis, pero resulta que en Portugal, desde hace un par de años, los horarios de visitas gratis a museos y palacios son estrictamente para portugueses, no para europeos.
El castillo está sobre una loma, así que empezamos a descender pasando por la iglesia de San Miguel y el gran Palacio de los Duques de Braganza. Atravesamos el jardín del Carmen y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.
Seguimos por la rua de Santa María y llegamos al largo de Oliveira. Allí vimos el Palacete de Santiago, la Sala del Ayuntamiento del Casco Antiguo, el llamativo monumento a la victoria Padrão do Salado y la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliveira.
Almuerzo en Guimarães y retorno a Oporto.
Nos acercamos a la plaza de Santiago para comer. Lo hicimos en el Restaurante Virtudes. Buena comida y mejor atención. Lo mejor de esta parte del viaje.
Cerramos el recorrido en Guimarães en el largo do Toural y el jardín de la Alameda, donde se conserva una parte de la antigua muralla medieval que ostenta un orgulloso letrero que indica: Aqui nasceu Portugal, lema de la ciudad.
Volvimos a la estación de buses pensando que tal vez este paseo, para alguien que está de visita en Oporto y que vive en Europa, se puede omitir.
Una vez de vuelta a Oporto descansamos un rato en nuestro hotel y salimos a cenar. Esta vez optamos por comer sushi en Itachi; fue una experiencia excepcional.
Caminamos un rato por Ribeira, aprovechando la agradable noche, el animado ambiente de la ciudad y el buen clima que nos acompañó durante todo el fin de semana.
Lunes 10 de noviembre. Hasta pronto, Oporto.
Ya era lunes, día de regresar a Madrid. Nos levantamos temprano y salimos a buscar otra panadería.
Esta vez llegamos andando hasta la Muralhas Olival, al lado de la Torre de los Clérigos. Otra buena opción para desayunar con café, zumo de naranja y mini lunch de jamón y queso. Las panaderías de Oporto —recordándonos a las venezolanas fundadas por portugueses— fueron protagonistas del viaje.
Volvimos a bajar hasta el hotel, pasando antes para una última toma desde el miradouro da Vitória, completando así las de la tarde y noche anteriores.
Casualmente volvimos al aeropuerto en el mismo bus que nos trajo, el de la ruta larga (602) —el 601 es más directo—. Pero no importa, estamos paseando y tenemos tiempo. El buen clima había llegado a su fin: justo al coger el bus empezó a llover.
En el aeropuerto tuvimos tiempo para comernos un pastel de nata con un expreso; es tan popular la combinación que incluso la venden en combos. No fue el único que comimos en el viaje: en el hotel nos dieron uno de cortesía, pero con vino de Oporto, otra excelente combinación.
Así fue nuestro fin de semana en Oporto y Guimãraes.
Termina nuestro fin de semana entre caminatas, miradores, sabores y nuevas experiencias en Oporto y Guimarães. Nos marchamos con la satisfacción de haber explorado ciudades hospitalarias, repletas de historia y tradición, deseando regresar pronto a esta región tan atractiva de Portugal. Un viaje corto, pero repleto de momentos memorables.
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